Fragmentos florecidos del sol al comenzar (otro más)

Uno, dos, tres Vietnam.
Suave brisa inclina arrozales allá en Vietnam.
Suave la mar a estribor.
Suave sucede atardecer.
Con dulzura
El aire entra y expira
Palabras como agua En la garganta cayendo con lenta belleza
Al aire.
Suave piel sobre la piel.
Suave deslizar.
Suave sonrisa
Inclinando
Dorado
El trigal.

Se dejan ver de lejos.
Son miles llegando
Desde el borde de las colinas.
Anuncian a viva voz
Un canto general,
Otra manera de habitar
Este planeta
Otra vez

Bum-bum-bum
Nos latía el corazón
A medida que íbamos y regresábamos
Disueltos
En pleno vacío.

Entre todos hubo un pintor,
Devuelto a la tierra
Años atrás.

Cuando la caravana sedienta
Detenía su andar,
Él, el pintor,
Nos pintó
Un oasis.
Todos nos humedecimos,
Salpicando,
Chapoteando y,
Celebrando.

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¿A él lo encontramos detrás de las últimas dunas
Pintando algo para comer. Un conejo.
Caminaba con nosotros a la par,
Sin hablar,
Titubeando,
Palpando el espacio.
Pintaba lo que le pedíamos y,
Lo que pintaba
Vida cobraba.

Una noche alrededor del fuego
Habló.
Soy Jorge Lisandro Borges.
Soy ciego y pintor.
Después de comer lo que el pintor pintó
Él moviendo los dedos
Nos reveló el enigma.
Pinto sin describir los espectáculos de la creación.
Pinto participando en los gestos de la creación.
Pintar es práctica sagrada,
Una manera específica de vivir,
De comprender el oficio de pintar
Como pensamiento en acción.
Cerró los ojos y,
Durmió tres días seguidos
Sin despertar.

Hambrientos y con sed
Lo hicimos volver
Golpeando tambores y campanas,
Agitando ramos de olivo.
Abrió los ojos y,
Al rato sobre las mesas improvisadas
Destellaban suaves manjares
Pintados por el pintor.
Que con solo verlos nos empalagaron.

Hubo una vez en que le pedimos
Nos pintara un dragón.
El sonrojado dijo no ser capaz
De hacer milagros.
Tanto insistimos que lo pintó.
Aterrados por semejante animal
A los gritos
Rogamos
Lo borrara y,
Al instante el dragón
Desapareció.

Un mediodía
Cuando el sol no dibuja sombras
Le pedimos nos enseñara a pintar.
Es fácil dijo.
Basta con no ver con los ojos
Sino con el alma,
No ver con el alma
Sino con el aliento.
Pinto cuando el corazón es espejo de mì mismo.
Pinto cuando la idea
Precede al pincel.
Nunca antes,
Menos después.
Un pintor pinta cuando abismó.
Nunca antes,
Siempre después.

Nos pintó palmeras y hamacas,
Nubes bajas y, encantados
Cerramos los ojos y,
Comenzamos a pintar.

Llegados al pueblo
Jorge Lisandro Borges
Fue arrestado.
Preguntamos en todo lugar donde estaba permitido preguntar.
Parroquias, hospitales, comisarias, infinitos despachos.
Donde preguntábamos nos contestaban
Muerto no está.
Fueron meses de angustia esperando
Hasta que de pronto el pueblo
Se iluminó
Como si de una pintura de Eugenio Daneri
Se tratara y
Allí estaba él, parado sin saber qué hacer, pisando el umbral
Jorge Lisandro Borges,
Libre,
Vivo,
Otra vez con nosotros.
Contento nos pintó jazmines,
Pintó perfumes,
Caricias nos pintó
A nuestro alrededor.
Lo abrazamos y
Él, esa noche con dorados y ultramar
Pintó los sueños que nunca imaginamos
Soñar.

Donde hay hambre pinto alimentos.
Donde ocurre sed pinto arroyos.
Donde hay enfermedad pinto vías de salud.
Donde el temor inquieta pinto malvones.
¿Dónde?
Allá en el oscuro y denso espesor.

Cuando despertamos con frío y
Vimos la nieve cubriendo el desierto
Cada uno de nosotros comprendió
Que Jorge Lisandro Borges
En ese amanecer
Nos dejaba de existir.

Con los años los camellos
Ya habituados
Al desierto congelado
Dejaron de caminar.
Pintamos praderas, arenas, toneladas de hierba,
Cilantro, cebada, hasta latas de atun.
Nada resulto.
Al vicio hacerlos levantar y caminar.
Pintábamos apetitosas comidas pero
Nadie aceptaba comer pinturas.
Pintamos un dragón y,
Nadie se asustó,
Nadie tembló.
Nadie nunca desde entonces
Volvió a pintar
Con tal de no volver
A la tierra
Otra vez.

Otra noche sin poder dormir.
Padre inquieto desde temprano
Salmodiando
Repite las mismas palabras
De siempre.
¿Nos escuchan, nos escuchan?
Difícil con el estrépito
Que todos ellos al pasar
Otra vez
Sin ser los mismos
Miles
Otra vez.

Padre vuelto en sí
Sale a la puerta y, sosteniendo el umbral
Agitando la mano derecha en señal
De bienvenida
Logra esa noche
Poder dormir.

Cierto es que los dejamos pasar
Como si fueran langostas
O mariposas
O extraviados turistas.
Se hizo habito el que pasaran
Sin contar cuántos eran
Pasaban
Empolvando el aire.
Al último le arrojamos flores de papel.
El furioso en fuego y cenizas las dejó.
Sonriendo,
Batiendo palmas
Danzando alrededor.

Esa noche en verdad nadie
Salvo padre
Pudo dormir.

Al día siguiente estaban allí,
Sentados abanicando el are
Dejaron así de pasar.
Como si nada los obligara
Sin preguntar
Se establecieron
Rodeando el pueblo
En sonora quietud.
Esa mañana
Padre
Afeitado escuchó las noticias y, después
Resuelto esperó que alguno de todos ellos
Se acercara a saludar.

Cuando los colores pierden brillo,
Cuando Sirio comienza a brillar
Uno del montón arrimando la boca seca
A la oreja de padre
Con queda voz preguntó,
¿Nos escuchan?

Hablaron toda la noche hasta que con la helada el extranjero desapareció.
Padre, entonces sonriendo nos dijo
Es hora de dormir.

Ecos de perro encontraron en el bar.
Uno, dos, tres Vietnam.
Uno, dos, tres Vietnam
Sueltos contra las olas
Los perros en Malibú.

Uno, dos, tres Vietnam.
Hierve agua el arrozal.

Uno, dos, tres Vietnam.
Bob Dylan premio Nobel de literatura.
Uno, dos, tres Vietnam.
Uno, dos, tres, cuatro Vietnam.

Cuando los pintores pintaban figuras y,
Estas encarnaban el dolor humano,
El común a todos,
Todos reconocían semejanzas en esas figuras.
Pero cuando los pintores
Comenzaron a pintar paisajes
Cielo, tierra y vacío como figuras
Nadie, nunca antes ni después
Paisaje
Se pudo imaginar.
Uno, dos, tres y tantos Vietnam.

Retumban tambores
Mi corazón.
Esa tarde dejó de llover.

(Fin del segundo capítulo)

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